Cuando uno necesita mejorar sus perspectivas en la vida, tiene que someterse a un proceso de cambio. Debe sustituir ciertos usos y costumbres por otros más apropiados o, lo que es lo mismo, adquirir hábitos nuevos positivos y desterrar otros que resultan perjudiciales. Ambos procesos requieren grandes dosis de fuerza de voluntad y perseverancia, por lo que constituyen muy buenos ejercicios para el desarrollo de tales cualidades. Un hábito se adquiere por la repetición de actos similares, lo cual, seguramente, supondrá algún esfuerzo físico o mental para vencer la resistencia a alterar el dolce far niente. Lo mismo ocurre con el desarraigo de un hábito negativo, que significará un esfuerzo de renuncia continuado.
¿Cuales son los hábitos que conviene adquirir y los que deben desterrarse?. Esta es una cuestión subjetiva. Nadie mejor que uno mismo conoce sus puntos débiles: los defectos que tendria que corregir y las malas costumbres que haria bien en abandonar. Por lo general, la necesidad de adquirir un hábito positivo es consecuencia de tener algún defecto Así, a un desordenado, le vendría muy bien poner orden en sus asuntos, tanto laborales como personales; un parlanchín debería acostumbrarse a dominar su lengua ("El árbol del silencio da el fruto de la sabiduría", dice un antiguo proverbio árabe); quién se sabe adusto, habrá de esforzarse en ser más cordial, etc..
Hay también otros hábitos que conviene adquirir, si no se poseen, como, por ejemplo, la puntualidad, el aseo, la práctica del ejercício físico, la pulcritud, la costumbre de madrugar, etc.. Hay uno que merece tratarse aparte por su especial transcendencia. Es el hábito de rematar. Cuando se comienza una tarea, es necesario esforzarse al máximo en concluirla. El defecto contrario a este hábito es de los más perjudiciales y, por desgracia, de los más frecuentes. ¡Cuantos trabajos se inician, cuantos proyectos se acometen con todo entusiasmo y, en muchos casos, se abandonan a medio hacer, cuando aparecen las primeras dificultades o cede el ardor inicial¡. Todos tenemos experiencias de este tipo y conocemos la íntima y desagradable sesación de haber perdido el tiempo y derrochado nuestras energías.
jueves, 21 de febrero de 2013
miércoles, 13 de febrero de 2013
La preparación
Para la obtención de cualquier objetivo es necesario estar preparado y el proceso de preparación tiene una importancia decisiva y requiere el mayor esfuerzo. Se necesitará estar en posesión de ciertas facultades físicas y mentales , unas y otras en mayor o menor grado, según los casos, las cuales podrán cultivarse en la medida de lo posible. Pero, sobre todo, se tendrán que adquirir o perfeccionar las aptitudes específicas para el objetivo en cuestión, es decir, los conocimientos y habilidades necesarios.
Los conocimientos se aprenden mediante el estudio, la observación y la experiencia. Sus fuentes son los libros, revistas, conferencias, medios audiovisuales, investigaciones, contactos con expertos, etc. La tarea de adquirir conocimientos puede resultar árdua y prolongada, pero, aún así, habrá que empeñarse en dominar todas las facetas de la materia en cuestión. No conviene olvidar que el ejercício de una aptitud implica resolver infinidad de problemas y tomar un sinfín de decisiones. Para acertar siempre, o casi siempre, hay que tener un conocimiento profundo de las técnicas correspondientes y poseer la información más veraz sobre las particularidades de cada caso.
Es oportuno ahora llamar la ateción sobre un fenómeno psicológico muy importante. Se trata de que , por lo general, el ser humano no tiene verdadera conciencia de la magnitud de lo que ignora sobre cualquier materia. No es que voluntariamente se niegue a admitir su ignorancia, sino que, por naturaleza, la falta de un conocimiento adecuado hace ver las cosas mucho más simples y fáciles de lo que son realmente. La ignorancia simplifica los problemas. Esto permite comprender la ligereza y tranquilidad con las que la gente opina sobre cualquier asunto, aunque sea de grán complejidad. Todo se ve muy sencillo y se piensa que solamente con tomar tal o cual medida, el problema quedaría resuelto. Cuando se profundiza en el conocimiento de una materia, se van descubriendo aspectos completamente nuevos que modifican de forma sustancial las ideas anteriores y uno no puede menos de maravillarse de la cantidad de cosas que ignoraba y de los campos imprevistos que tendrá necesidad de explorar. El fenómeno de la "ignorancia inadvertida" explica tambien la cantidad de incompetentes que uno se tropieza en la vida, incluso profesionales, quienes pueden estar tomando las decisiones más erroneas plenamente convencidos de que son correctas.
Los conocimientos son fruto del estudio y la observación. Las habilidades, en cambio, se adquieren actuando, es decir, aplicando practicamente los conocimientos. La acción repetida, una y otra vez, va perfeccionando poco apoco el modo de hacer, hasta llegar a la destreza y la maestría. La ejecución correcta se convierte así en un hábito y el ejecutor en un experto. La habilidad aporta a una tarea rapidez, eficacia, potencia, perfección, finura o grácia, según los casos. El arte seria su expresión más relevante.
El desarrollo de una habilidad es una tarea muy laboriosa, que exige considerable dedicación durante mucho tiempo.Es necesario someter a un adiestramiento riguroso las distintas facetas de la habilidad, tratando de desvelar sus secretos y de dominar sus técnicas hasta poder aplicarlas con facilidad, rapidez y perfeción. El adiestramiento crea la habilidad, pero luego se necesita un entrenamiento continuo para mantenerla en su punto. Casos hay, incluso, en los que la falta de entrenamiento diario se deja notar inmediátamente, como les ocurre a un pianista, un cantante o un atleta.
Conocimientos y habilidades constituyen el eterno binómio Teoria-Práctica. La primera proporciona las herramientas y la segunda enseña a utilizarlas. Ambas son imprescindibles para el ejercício de una aptitud. Si una de las dos flojea, el conjunto se resiente. Sin embargo, las propociones de ambas en cada aptitud son diferentes. Por ejemplo, un deportista puede necesitar un 10% de conocimientos y un 90% de habilidades; un pianista, un 30% y un 70% y un abogado, un 60% y un 40%, respectivamente. Son cifras sólo estimativas, pero dan una idea de la influencia de uno y otro factor.
Los conocimientos se aprenden mediante el estudio, la observación y la experiencia. Sus fuentes son los libros, revistas, conferencias, medios audiovisuales, investigaciones, contactos con expertos, etc. La tarea de adquirir conocimientos puede resultar árdua y prolongada, pero, aún así, habrá que empeñarse en dominar todas las facetas de la materia en cuestión. No conviene olvidar que el ejercício de una aptitud implica resolver infinidad de problemas y tomar un sinfín de decisiones. Para acertar siempre, o casi siempre, hay que tener un conocimiento profundo de las técnicas correspondientes y poseer la información más veraz sobre las particularidades de cada caso.
Es oportuno ahora llamar la ateción sobre un fenómeno psicológico muy importante. Se trata de que , por lo general, el ser humano no tiene verdadera conciencia de la magnitud de lo que ignora sobre cualquier materia. No es que voluntariamente se niegue a admitir su ignorancia, sino que, por naturaleza, la falta de un conocimiento adecuado hace ver las cosas mucho más simples y fáciles de lo que son realmente. La ignorancia simplifica los problemas. Esto permite comprender la ligereza y tranquilidad con las que la gente opina sobre cualquier asunto, aunque sea de grán complejidad. Todo se ve muy sencillo y se piensa que solamente con tomar tal o cual medida, el problema quedaría resuelto. Cuando se profundiza en el conocimiento de una materia, se van descubriendo aspectos completamente nuevos que modifican de forma sustancial las ideas anteriores y uno no puede menos de maravillarse de la cantidad de cosas que ignoraba y de los campos imprevistos que tendrá necesidad de explorar. El fenómeno de la "ignorancia inadvertida" explica tambien la cantidad de incompetentes que uno se tropieza en la vida, incluso profesionales, quienes pueden estar tomando las decisiones más erroneas plenamente convencidos de que son correctas.
Los conocimientos son fruto del estudio y la observación. Las habilidades, en cambio, se adquieren actuando, es decir, aplicando practicamente los conocimientos. La acción repetida, una y otra vez, va perfeccionando poco apoco el modo de hacer, hasta llegar a la destreza y la maestría. La ejecución correcta se convierte así en un hábito y el ejecutor en un experto. La habilidad aporta a una tarea rapidez, eficacia, potencia, perfección, finura o grácia, según los casos. El arte seria su expresión más relevante.
El desarrollo de una habilidad es una tarea muy laboriosa, que exige considerable dedicación durante mucho tiempo.Es necesario someter a un adiestramiento riguroso las distintas facetas de la habilidad, tratando de desvelar sus secretos y de dominar sus técnicas hasta poder aplicarlas con facilidad, rapidez y perfeción. El adiestramiento crea la habilidad, pero luego se necesita un entrenamiento continuo para mantenerla en su punto. Casos hay, incluso, en los que la falta de entrenamiento diario se deja notar inmediátamente, como les ocurre a un pianista, un cantante o un atleta.
Conocimientos y habilidades constituyen el eterno binómio Teoria-Práctica. La primera proporciona las herramientas y la segunda enseña a utilizarlas. Ambas son imprescindibles para el ejercício de una aptitud. Si una de las dos flojea, el conjunto se resiente. Sin embargo, las propociones de ambas en cada aptitud son diferentes. Por ejemplo, un deportista puede necesitar un 10% de conocimientos y un 90% de habilidades; un pianista, un 30% y un 70% y un abogado, un 60% y un 40%, respectivamente. Son cifras sólo estimativas, pero dan una idea de la influencia de uno y otro factor.
miércoles, 30 de enero de 2013
Convivir (III)
Convivir en paz
La convivencia pacífica se caracteriza por la inexistencia de conflictos y una sólida armonía en las relaciones. Si esta situación se prolongase indefinidamente, podría considerarse lo más próximo a "la felicidad en este mundo", ya que supondría la ausencia de todo mal provocado por la voluntad de otros seres humanos. Quedarian, por lo tanto, como unicas fuentes de infortunio, las derivadas de causas aleatorias como los accidentes, las enfermedades, las catástrofes naturales, etc..
Una de las condiciones esenciales para promover la convivencia pacífica en un mundo ideal sin conflictos, seria la generalización de actitudes de empatía en todos los niveles de las relaciones humanas, lo que significa comprender y apreciar los sentimientos, las emociones y los problemas de aquellos con los que hay que convivir.
La empatía generalizada seria condición esencial en el mundo utópico, sin conflictos, que se está tratando. Pero, evidentemente, no la única. Las relaciones entre personas y entre grupos tienen que estar reguladas por normas, más o menos formales, que tengan en cuenta los intereses y las necesidades de todos y cada uno. En este concepto amplio de norma se incluyen desde las meras pautas, no escritas, de conducta personal, hasta las leyes y disposiciones que rijan los estados o comunidades, así como los tratados internacionales. Tales normas tendrían que estar inspiradas en el concepto de "bien común", es decir, bien para todos, sin excluir a nadie. Todos tienen intereses y necesidades que habrá que satisfacer. La convivencia supone tener derechos y obligaciones. La convivencia pacífica significa que esos derechos y obligaciones serán razonables y, además, que cada uno tendrá, por una parte, garantia plena de que sus derechos serán respetados y, por otra, una buena disposición para cumplir sus obligaciones. Tal situación proporcionaria un clima general de confianza y, en suma, de paz.
La mera existencia de normas presupone que alguien tendrá que garantizar su cumplimiento. Desde personas con autoridad en las relaciones personales (por ejemplo, los padres en la familia) hasta directores y gobernantes en las organizaciones más complejas, siempre habrá quien se encargue de velar para que las normas se cumplan y se garantice la justícia. Se llega así al Principio de Autoridad como soporte de la convivencia pacífica y como regulador del ejercício de la libertad.
Todo lo anterior no es más que un voluntarioso ejercício de ingunuidad al suponer que los males de este mundo podrian resolverse mediante soluciones simples y fórmulas sencillas, en aplicación del fenómeno de la "ignorancia inadvertida" (la ignorancia simplifica la solución de los problemas). Sin embargo, no deja de ser un modelo ideal de lo que podría ser una sólida convivencia pacífica y sobre el cual, u otros similares, deberian elucubrar los futuros quistólogos.
La convivencia pacífica se caracteriza por la inexistencia de conflictos y una sólida armonía en las relaciones. Si esta situación se prolongase indefinidamente, podría considerarse lo más próximo a "la felicidad en este mundo", ya que supondría la ausencia de todo mal provocado por la voluntad de otros seres humanos. Quedarian, por lo tanto, como unicas fuentes de infortunio, las derivadas de causas aleatorias como los accidentes, las enfermedades, las catástrofes naturales, etc..
Una de las condiciones esenciales para promover la convivencia pacífica en un mundo ideal sin conflictos, seria la generalización de actitudes de empatía en todos los niveles de las relaciones humanas, lo que significa comprender y apreciar los sentimientos, las emociones y los problemas de aquellos con los que hay que convivir.
La empatía generalizada seria condición esencial en el mundo utópico, sin conflictos, que se está tratando. Pero, evidentemente, no la única. Las relaciones entre personas y entre grupos tienen que estar reguladas por normas, más o menos formales, que tengan en cuenta los intereses y las necesidades de todos y cada uno. En este concepto amplio de norma se incluyen desde las meras pautas, no escritas, de conducta personal, hasta las leyes y disposiciones que rijan los estados o comunidades, así como los tratados internacionales. Tales normas tendrían que estar inspiradas en el concepto de "bien común", es decir, bien para todos, sin excluir a nadie. Todos tienen intereses y necesidades que habrá que satisfacer. La convivencia supone tener derechos y obligaciones. La convivencia pacífica significa que esos derechos y obligaciones serán razonables y, además, que cada uno tendrá, por una parte, garantia plena de que sus derechos serán respetados y, por otra, una buena disposición para cumplir sus obligaciones. Tal situación proporcionaria un clima general de confianza y, en suma, de paz.
La mera existencia de normas presupone que alguien tendrá que garantizar su cumplimiento. Desde personas con autoridad en las relaciones personales (por ejemplo, los padres en la familia) hasta directores y gobernantes en las organizaciones más complejas, siempre habrá quien se encargue de velar para que las normas se cumplan y se garantice la justícia. Se llega así al Principio de Autoridad como soporte de la convivencia pacífica y como regulador del ejercício de la libertad.
Todo lo anterior no es más que un voluntarioso ejercício de ingunuidad al suponer que los males de este mundo podrian resolverse mediante soluciones simples y fórmulas sencillas, en aplicación del fenómeno de la "ignorancia inadvertida" (la ignorancia simplifica la solución de los problemas). Sin embargo, no deja de ser un modelo ideal de lo que podría ser una sólida convivencia pacífica y sobre el cual, u otros similares, deberian elucubrar los futuros quistólogos.
sábado, 19 de enero de 2013
El éxito
El triunfo es un logro individual. Puede alcanzarse en equipo, pero su efecto se manifestará siempre como una sensación personal. El triunfo total y completo sería conseguir la felicidad plena, lo cual, ya se sabe, es una quimera. Existe una modalidad de triunfo que es la victória en una confrontación (una partida, un campeonato, una oposición, un pleito, una lucha, una guerra, etc,). Alguien será el vencedor, pero habrá también un perdedor o varios perdedores. Además, el triunfo puede no ser satisfactorio (recordemos las victorias pírricas).
Conviene profundizar un poco en el significado de las palabras. Exito y triunfo son dos conceptos muy similares, pero tienen ligeros matices diferenciales. Exito es, según el diccionario, el resultado feliz de un negocio, actuación, etc.. Triunfo, en cambio, tiene dos acepciones muy claras: victoria y éxito feliz de un empeño dificultoso. Por ello, cuando se trate de una confrontación, será mas correcto emplear las palabras triunfo o victoria, mientras que, en el logro de un fin o en la superación de un obstáculo, podrán utilizarse éxito o triunfo, si bien ésta última da idea de mayor transcendencia. La palabra ganar también se emplea con el doble significado - además de otros - de vencer en una confrontacón y conseguir algo con trabajo y esfuerzo.
El éxito siempre ocurre a consecuencia de una acción. Hay que hacer algo y hacerlo bien. También requiere asumir un riesgo. Según los casos, tendremos que poner en juego nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestras energías o, incluso, nuestra propia integridad física. Para alcanzar el éxito es necesario querer, poder y saber.. Querer no es simplemente desear o apetecer, sino tener un propósito firme y resuelto, para lo cual se precisan fuerza de voluntad, perseveráncia y actitudes de decisión y entusiasmo. Poder significa disponer de las facultades personales adecuadas (físicas o mentales, sgún los casos), de los medios necesarios y del valor para utilizarlos. Saber es estar en posesión de los conocimientos y habilidades que se requieran.
Así pues, para estar en condiciones de lograr las metas que uno se haya fijado, será necesario prepararse, es decir,desarrollar las facultades que le falten, procurarse los medios y adquirir los conocimientos y habilidades requeridos. La labor de preparación puede resultar dura y prolongada en algunos casos, pero tal circunstancia no debe frenar el propósito de seguir adelante. En este punto preciso se encuentra el meollo de la cuestión. La disyuntiva entre las dos opciones de seguir o abandonar marca la frontera que media entre los triunfadores y el resto de los mortales, entre los que forjan su propio destino y los que van conducidos por las circunstáncias, entre los protagonistas de la vida y los que se limitan a ser espectadores. Triunfadores son los que idean, deciden ,hacen y mandan. Los restantes miran, soportan y obedecen.
Conviene profundizar un poco en el significado de las palabras. Exito y triunfo son dos conceptos muy similares, pero tienen ligeros matices diferenciales. Exito es, según el diccionario, el resultado feliz de un negocio, actuación, etc.. Triunfo, en cambio, tiene dos acepciones muy claras: victoria y éxito feliz de un empeño dificultoso. Por ello, cuando se trate de una confrontación, será mas correcto emplear las palabras triunfo o victoria, mientras que, en el logro de un fin o en la superación de un obstáculo, podrán utilizarse éxito o triunfo, si bien ésta última da idea de mayor transcendencia. La palabra ganar también se emplea con el doble significado - además de otros - de vencer en una confrontacón y conseguir algo con trabajo y esfuerzo.
El éxito siempre ocurre a consecuencia de una acción. Hay que hacer algo y hacerlo bien. También requiere asumir un riesgo. Según los casos, tendremos que poner en juego nuestro tiempo, nuestro dinero, nuestras energías o, incluso, nuestra propia integridad física. Para alcanzar el éxito es necesario querer, poder y saber.. Querer no es simplemente desear o apetecer, sino tener un propósito firme y resuelto, para lo cual se precisan fuerza de voluntad, perseveráncia y actitudes de decisión y entusiasmo. Poder significa disponer de las facultades personales adecuadas (físicas o mentales, sgún los casos), de los medios necesarios y del valor para utilizarlos. Saber es estar en posesión de los conocimientos y habilidades que se requieran.
Así pues, para estar en condiciones de lograr las metas que uno se haya fijado, será necesario prepararse, es decir,desarrollar las facultades que le falten, procurarse los medios y adquirir los conocimientos y habilidades requeridos. La labor de preparación puede resultar dura y prolongada en algunos casos, pero tal circunstancia no debe frenar el propósito de seguir adelante. En este punto preciso se encuentra el meollo de la cuestión. La disyuntiva entre las dos opciones de seguir o abandonar marca la frontera que media entre los triunfadores y el resto de los mortales, entre los que forjan su propio destino y los que van conducidos por las circunstáncias, entre los protagonistas de la vida y los que se limitan a ser espectadores. Triunfadores son los que idean, deciden ,hacen y mandan. Los restantes miran, soportan y obedecen.
sábado, 12 de enero de 2013
La serenidad
Es la actitud de la calma, el sosiego, la tranquilidad. Quizá sea la serenidad el atributo que mas caracteriza a las personas relevantes. Incluso se hace figurar su nombre en ciertos tratamientos de la realeza ( "Alteza Serenísima" ). Quienes, en situaciones comprometidas, conservan su sangre fria, sin alterarse ni perder los nervios, ofrecen una imágen de seguridad y confianza en si mismos que les sitúa en posiciones de dominio. Son personas que se sienten capaces de afrontar los problemas con garantía, sin mostrar timidez ni ningún otro signo de autolimitación.
En el polo opuesto están las personas nerviosas o inseguras, quienes , por lo general, se muestran tensas e inquietas, o bien denotan ansiedad en sus gestos y miradas.. Tambien está la gente violenta, siempre dispuesta a reaccionar con ira y a crear conflictos y enfrentamientos. Y los impacientes, que no son capaces de soportar con calma la menor contrariedad o espera.
La serenidad es una actitud que paga dividendos, porque permite a la mente actuar con todas sus capacidades. Los juicios que emita y las opiniones que exprese una persona serena responderán fielmente al dictado de su própia voluntad, puesto que no sufren la influencia perturbadora de un estado de nerviosismo o ansiedad. Mente templada, mirada tranquila, gestos reposados y postura relajada son los signos que denotan una actitud serena. ¡ Mente fria ¡, como dice un conocido actor de televisión.
En el polo opuesto están las personas nerviosas o inseguras, quienes , por lo general, se muestran tensas e inquietas, o bien denotan ansiedad en sus gestos y miradas.. Tambien está la gente violenta, siempre dispuesta a reaccionar con ira y a crear conflictos y enfrentamientos. Y los impacientes, que no son capaces de soportar con calma la menor contrariedad o espera.
La serenidad es una actitud que paga dividendos, porque permite a la mente actuar con todas sus capacidades. Los juicios que emita y las opiniones que exprese una persona serena responderán fielmente al dictado de su própia voluntad, puesto que no sufren la influencia perturbadora de un estado de nerviosismo o ansiedad. Mente templada, mirada tranquila, gestos reposados y postura relajada son los signos que denotan una actitud serena. ¡ Mente fria ¡, como dice un conocido actor de televisión.
lunes, 7 de enero de 2013
Concentración
La capacidad de concentración de la mente es esencial para realizar cualquier tarea con precisón y máximo aprovechamiento del tiempo disponible. Como se sabe, el pensamiento es de naturaleza errática, pasando libremente de un tema a otro al menor estímulo. Es necesario dominar esa tendencia natural del pensamiento, haciendo que se mantenga fijo a voluntad sobre un solo asunto. Para ello se requiere una labor paciente de adiestramiento y práctica, en la que la mente se vaya acostumbrando, poco a poco, a circunscribirse al tema que se le señale y se haga mas resistente a las perturbaciones que intentan desviarr su atención.
La falta de concentración es perniciosa en todos los campos de la actividad humana. Nos dificulta que entendamos plenamente lo que leemos o escuchamos. Tambien nos impide concebir ideas y argumentos claros en el desempeño de nuestras tareas, o dar respuesta adecuada a lo que se nos requiere. Y, sobre todo, nos hace malgastar el tiempo en elucubraciones mentales ajenas a lo que nos ocupa.
El adiestramiento de la concentración se realiza mediante ejercícios de "atención voluntaria", aplicados a diversos objetivos. Se debe empezar por casos muy simples, enfocando la mente en un asunto u objeto durante un corto tiempo, sin permitir que otros pensamientos ocupen el campo mental. Un ejemplo muy ilustrativo es el seguimiento consciente del acto de respirar. Debe sentirse como va penetrando el aire poco a poco en los pulmones a través de la nariz y la tráquea, como va dilatando el tórax y como, finalmente, es expulsado por el mismo camino, volviendo a iniciarse el ciclo. Durante un tiempo prudencial, debe mantenerse el pensamiento focalizado en la respiración, sin permitir que ningún otro estímulo desvíe la atención. De un modo similar, puede hacerse un seguimiento consciente de otros actos rutinarios como comer o caminar.
Avanzando un poco en el adiestramiento de la concentración, conviene adquirir el hábito de reflexionar (todo hábito se adquiere repitiendo, una y otra vez, la acción correspondiente). El objeto de la reflexión variará según la própia conveniencia pero, en cada caso, habrá de ser muy concreto y claro, sin permitir que el pensamiento se separe de él.
Tambien pueden ser de utilidad para mejorar la concentración los ejercicios de visualización como, por ejemplo, recorrer mentalmente nuestro hogar, habitación por habitación, procurando visualizar todos los detalles. O, tambien, imaginar una escena agradable, con la mayor nitidez posible, en la que intervengan diversos familiares y amigos.
La falta de concentración es perniciosa en todos los campos de la actividad humana. Nos dificulta que entendamos plenamente lo que leemos o escuchamos. Tambien nos impide concebir ideas y argumentos claros en el desempeño de nuestras tareas, o dar respuesta adecuada a lo que se nos requiere. Y, sobre todo, nos hace malgastar el tiempo en elucubraciones mentales ajenas a lo que nos ocupa.
El adiestramiento de la concentración se realiza mediante ejercícios de "atención voluntaria", aplicados a diversos objetivos. Se debe empezar por casos muy simples, enfocando la mente en un asunto u objeto durante un corto tiempo, sin permitir que otros pensamientos ocupen el campo mental. Un ejemplo muy ilustrativo es el seguimiento consciente del acto de respirar. Debe sentirse como va penetrando el aire poco a poco en los pulmones a través de la nariz y la tráquea, como va dilatando el tórax y como, finalmente, es expulsado por el mismo camino, volviendo a iniciarse el ciclo. Durante un tiempo prudencial, debe mantenerse el pensamiento focalizado en la respiración, sin permitir que ningún otro estímulo desvíe la atención. De un modo similar, puede hacerse un seguimiento consciente de otros actos rutinarios como comer o caminar.
Avanzando un poco en el adiestramiento de la concentración, conviene adquirir el hábito de reflexionar (todo hábito se adquiere repitiendo, una y otra vez, la acción correspondiente). El objeto de la reflexión variará según la própia conveniencia pero, en cada caso, habrá de ser muy concreto y claro, sin permitir que el pensamiento se separe de él.
Tambien pueden ser de utilidad para mejorar la concentración los ejercicios de visualización como, por ejemplo, recorrer mentalmente nuestro hogar, habitación por habitación, procurando visualizar todos los detalles. O, tambien, imaginar una escena agradable, con la mayor nitidez posible, en la que intervengan diversos familiares y amigos.
martes, 1 de enero de 2013
Convivir (II)
Lo que dicta la razón
La naturaleza juega cruelmente con los seres humanos: nos pone en este mundo sin contar con nuestra voluntad pero nos dota de un fuerte instinto de conservación para, finalmente, quitarnos la vida cuando le parece. Los animales tambien poseen ese instinto que, para ellos, constituye el principal motor de sus actos, Los humanos somos mas complicados: tenemos inteligéncia y esta facultad es la que nos dicta las normas de conducta respecto a los otros humanos con los que convivimos. El sentido común nos dice que, puesto que hemos de vivir juntos, lo mejor es llevarse bien. Es lo mas razonable pero, por desgrácia, poco frecuente. A cada momento surgen enfrentamientos y conflictos que perturban la inteligéncia y enrarecen las relaciones. Sin embargo, ese ideal de armonía siempre ha estado presente en las aspiraciones humanas y ha impulsado el desarrollo de las ciencias del comportamiento como la Etica y el Derecho Natural. La razón, con sus sólidos argumentos, prescribe la necesidad de la convivencia pacífica. Pero, ¿cuales son esos argumentos?.
En primer lugar, por lo que significa la propia existencía. Se vive en precario, en tanto nos llega la muerte, por lo que parece lógico aspirar a un pasar sin grandes sobresaltos. Puesto que a todos nos espera la misma suerte o, como suele decirse, estamos en el mismo barco, debería generarse una especie de compañerismo entre los que estamos dbligados a convivir, lo que nos induciría a ayudarnos unos a otros.
Por otra parte, las luchas y los conflictos producen siempre angustia y desasosiego, por lo que existe una tendencia natural a evitarlos. La comodidad, la pereza y, en cierto modo, la inercia a los cambios de situación, son sentimientos que inducen a frenar las confrontaciones.
Los motivos indicados pueden tener cierto parentesco con el egoismo. Pero existen otros mas elevados que responden a una concepción noble de la vida humana, admitiendo una tendencia general hacia el bien y la solidaridad. Cuando, en el trascurso de su evolución, el género humano alcanza el grado de racionalidad, se asientan en él rasgos de generosidad y benevolencia, junto con un fuerte instinto de justicia.
Así pues, existe una predisposición inicial a convivir en armonía con nuestros semejantes, es decir, a realizar las acciones conducentes a cubrir nuestras necesidades sin perturbar las acciones similares de los que nos rodean. Este planteamiento se ve rapidamente desmentido por la realidad, la cual nos muestra un escenario de conflictos generalizados, en todos los niveles, Sin embargo, no debe renunciarse al planteamiento utópico que propugna la razón. Es necesario que sigan existiendo, y cada vez en mayor número, personas idealistas dedicadas al estudio de la convivencia pacífica, en todos sus aspectos, con objeto de buscar la raiz de los conflictos y las fórmulas para resolverlos. Hacen falta mas quistólogos.
La naturaleza juega cruelmente con los seres humanos: nos pone en este mundo sin contar con nuestra voluntad pero nos dota de un fuerte instinto de conservación para, finalmente, quitarnos la vida cuando le parece. Los animales tambien poseen ese instinto que, para ellos, constituye el principal motor de sus actos, Los humanos somos mas complicados: tenemos inteligéncia y esta facultad es la que nos dicta las normas de conducta respecto a los otros humanos con los que convivimos. El sentido común nos dice que, puesto que hemos de vivir juntos, lo mejor es llevarse bien. Es lo mas razonable pero, por desgrácia, poco frecuente. A cada momento surgen enfrentamientos y conflictos que perturban la inteligéncia y enrarecen las relaciones. Sin embargo, ese ideal de armonía siempre ha estado presente en las aspiraciones humanas y ha impulsado el desarrollo de las ciencias del comportamiento como la Etica y el Derecho Natural. La razón, con sus sólidos argumentos, prescribe la necesidad de la convivencia pacífica. Pero, ¿cuales son esos argumentos?.
En primer lugar, por lo que significa la propia existencía. Se vive en precario, en tanto nos llega la muerte, por lo que parece lógico aspirar a un pasar sin grandes sobresaltos. Puesto que a todos nos espera la misma suerte o, como suele decirse, estamos en el mismo barco, debería generarse una especie de compañerismo entre los que estamos dbligados a convivir, lo que nos induciría a ayudarnos unos a otros.
Por otra parte, las luchas y los conflictos producen siempre angustia y desasosiego, por lo que existe una tendencia natural a evitarlos. La comodidad, la pereza y, en cierto modo, la inercia a los cambios de situación, son sentimientos que inducen a frenar las confrontaciones.
Los motivos indicados pueden tener cierto parentesco con el egoismo. Pero existen otros mas elevados que responden a una concepción noble de la vida humana, admitiendo una tendencia general hacia el bien y la solidaridad. Cuando, en el trascurso de su evolución, el género humano alcanza el grado de racionalidad, se asientan en él rasgos de generosidad y benevolencia, junto con un fuerte instinto de justicia.
Así pues, existe una predisposición inicial a convivir en armonía con nuestros semejantes, es decir, a realizar las acciones conducentes a cubrir nuestras necesidades sin perturbar las acciones similares de los que nos rodean. Este planteamiento se ve rapidamente desmentido por la realidad, la cual nos muestra un escenario de conflictos generalizados, en todos los niveles, Sin embargo, no debe renunciarse al planteamiento utópico que propugna la razón. Es necesario que sigan existiendo, y cada vez en mayor número, personas idealistas dedicadas al estudio de la convivencia pacífica, en todos sus aspectos, con objeto de buscar la raiz de los conflictos y las fórmulas para resolverlos. Hacen falta mas quistólogos.
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