domingo, 24 de marzo de 2013
La generosidad
Ya se indicó que la bondad es la cualidad aglutinante de los diversos valores que integran la "calidad humanas". Uno de estos valores y de los más notables, es la generosidad, que supone la inclinación a desprenderse de los bienes própios en benefício de los demás y que, en los casos heróicos ( que están en la mente de todos), llega hasta el ofrecimiento de la própia vida. La generosidad ilumina las relaciones humanas y es el mayor antídoto contra el egoismo. La persona generosa muestra su inclinaciíon hacia todo el mundo y no la reserva solo para sus afines. Una frase muy escuchada ("soy muy amigo de mis amigos") no es una buena muestra de generosidad.
viernes, 22 de marzo de 2013
Curso breve de relaciones humanas
En una oficina americana habia un cartel en el que se leía lo siguiente:
The six most important words:
I ADMIT I MADE A MISTAKE.
The five most important words:
YOU DID A GOOD JOB.
The four most important words:
¿ WHAT IS YOUR OPINION ?.
The three most important words:
IF YOU PLEASE.
The two most important words:
THANK YOU.
The one most important word:
WE.
The least important word:
I.
The six most important words:
I ADMIT I MADE A MISTAKE.
The five most important words:
YOU DID A GOOD JOB.
The four most important words:
¿ WHAT IS YOUR OPINION ?.
The three most important words:
IF YOU PLEASE.
The two most important words:
THANK YOU.
The one most important word:
WE.
The least important word:
I.
lunes, 18 de marzo de 2013
Julián Marias, adalid de la verdad.
Pocas personas han manifestado su obsesión por la verdad, de un modo tan notorio, como el filósofo y escritor Julián Marias. En sus innumerables escritos, siempre aparece esta faceta de su pensamiento: la verdad, como fundamento de la justicia y la mentira, como causa de todos los males. Como ejemplos de lo indicado, conviene reproducir algunas de sus frases, tomadas de sus artículos en la tercera página del ABC:
-- "El uso sistemático, organizado y frio de la mentira, es el factor capital de la corrupción".
-- "La mentira introduce la perversión en las relaciones humanas".
-- "Sería apasionante estudiar el papel de la mentira en los casos más graves de discordia profunda, luchas y hasta guerras en los diferentes paises".
-- "La verdad es el único fundamento posible de la concordia".
-- "Lo gravísimo, lo inadmisible, es el uso sistemático de la mentira, el culto a ella, a veces de manera ritual, con el automatismo de las recetas, los tópicos, las consignas y todos los artilugios de esa funesta invención que se llama propaganda.
-- "El historiador, el sociólogo, el político, deben guardarse de confundir la realidad con sus deseos y conveniencias.".
-- "Si se repasan las calamidades de todo orden que han sobrevenido a un pais cualquiera, se puede comprobar que, en su mayoria, han sido consecuencias de mentiras que se han aceptado y se han dejado circular".
-- "La responsabilidad de los intelectuales consiste en decir la verdad y denunciar la mentira".
-- "La mentira tolerada, aceptada, tal vez aplaudida, es el más grave despojo de la condición misma de la vida humana".
-- "El uso sistemático, organizado y frio de la mentira, es el factor capital de la corrupción".
-- "La mentira introduce la perversión en las relaciones humanas".
-- "Sería apasionante estudiar el papel de la mentira en los casos más graves de discordia profunda, luchas y hasta guerras en los diferentes paises".
-- "La verdad es el único fundamento posible de la concordia".
-- "Lo gravísimo, lo inadmisible, es el uso sistemático de la mentira, el culto a ella, a veces de manera ritual, con el automatismo de las recetas, los tópicos, las consignas y todos los artilugios de esa funesta invención que se llama propaganda.
-- "El historiador, el sociólogo, el político, deben guardarse de confundir la realidad con sus deseos y conveniencias.".
-- "Si se repasan las calamidades de todo orden que han sobrevenido a un pais cualquiera, se puede comprobar que, en su mayoria, han sido consecuencias de mentiras que se han aceptado y se han dejado circular".
-- "La responsabilidad de los intelectuales consiste en decir la verdad y denunciar la mentira".
-- "La mentira tolerada, aceptada, tal vez aplaudida, es el más grave despojo de la condición misma de la vida humana".
domingo, 3 de marzo de 2013
Convivir (lV)
Los enemigos de la convivencia
Obviamente, el modelo ideal de la convivencia perfecta es una real utopía. Es hora, pues, de determinar los factores que deterioran la convivencia pacífica y que, en ocasiones, la hacen saltar por los aires. Son factores heterogeneos, casi siempre originados por las pasiones (dando a la palabra pasión el significado de "perturbación o efecto desordenado del ánimo"), aunque en otros casos están relacionados con defectos o taras de las personas. Hay que tener en cuenta que los conflictos, sean entre individuos o entre grupos, no se originan por las circunstancias que se plantean sino por las reacciones de las personas ante ellas.
El primer enemigo de la convivencia es el egoismo. Todo el mundo da prioridad a sus propios problemas y es lógico que así sea. E, igualmente, es natural y saludable tener un moderado nivel de autoestima. Pero lo que realmente constituye semilla de conflictos es el excesivo amor a uno mismo, el cual se pone en evidencia en forma de sentimientos y pasiones diametralmente contrarios a la empatía, como el orgullo, la vanidad, la ira, la avarícia, el odio, etc. Otras manifestaciones del egoismo son la autoindulgencia y la autocomplacencia. La primera significa que uno tiende a minimizar y disculpar sus propias faltas. Si grito, me impaciento, ofendo o me burlo de alguien, considero que lo hago sin mala intención y debo ser disculpado. Al fin y al cabo, "no es para tanto". Esta autodisculpa es más acusada cuando se tiene cierta ascendencia sobre los otros (caso de los jefes, familiares, profesores, etc.).La autocomplacencia (no debe confundirse con la autoestima ni con la dignidad) es el resultado de tener un altísimo y desmedido concepto sobre uno mismo, de considerarse incapaz de obrar mal o equivocarse. Frases como "nunca me equivoco", "odio la injusticia", "las veo venir", "soy incapaz de hacer daño", "si tengo que hacer un favor, lo hago" o las tres "yoyas" ("yo ya lo dije", "yo ya lo sabia", "yo ya lo advertí"), son algunos ejemplos de autoalabanza y enaltecimiento del ego.
Otro enemigo de la convivencia, afín al anterior, es el que podria llamarse egoismo colectivo, un sentimiento de apego excesivo al grupo al que se pertenece. Supone la exaltación del "nosotros" frente a "los otros", hacia quienes solo se muestra desafecto o desprecio. Nosotros somos los buenos, los mejores, los más inteligentes, los que siempre tenemos razón. Los otros son malos, egoistas, despreciables, indignos de consideración (¿Hay algo más lejos de la empatía?). A los nuestros, el mayor apoyo. Alos otros, ni agua. El sentimiento de grupo o sentimiento tribal constituye, en cierto modo, uno de los instintos básicos con los que nos ha dotado la naturaleza. Todos tenemos tendencia a identificarnos con nuestro entorno, a amar lo que nos resulta cercano. Este sentimiento puede presentar aspectos nobles y saludables como el amor moderado a la familia, a los amigos, a la patria, a determinados ideales o creencias. Sin embargo, cuando tales sentimientos se exacerban y desmesuran, pueden dar lugar a enfrentamientos de suma violencia y consecuencias trágicas. El racismo, la xenofobia, el ultranacionalismo y el fanatismo religioso son ejemplos claros de lo que pueden llegar a pervertirse los sentimientos de grupo. La forma de actuar de los seres humanos integrados en un grupo, experimenta una notable transformación respecto a su conducta individual. Personas con buenos principios, pueden ser capaces de realizar acciones reprobables cuando actúan colectivamente con su grupo. El sentimiento tribal les proporciona la correspondiente relajación de su conciencia sobre los males causados a los ajenos al grupo.
El egoismo colectivo es la causa principal de los mayores conflictos de la Humanidad (guerras, genocídios, terrorismo, etc.) y también de otros muchos conflictos y enfrentamientos, de menor intensidad, pero que perturban gravemente la convivencia entre grupos de diversa ïndole. Y, de la misma manera, el egoismo individual, en todas sus manifestaciones, es causa determinante de los conflictos y enfrentamientos que se producen en el interior de los grupos, sea en el seno de las familias o de cualquier comunidad o estamento social. Ambos egoismos son grandes enemigos de la convivencia, pero no son los únicos. Veamos otros.
La maldad humana está presente en infinidad de tragedias y calamidades. Se ha dicho que los seres humanos, en su calidad de racionales, tienen una tendencia natural hacia el bien y la generosidad. Sin embargo, es un hecho cierto que la maldad existe y que, en todos los lugares y en todas las colectividades, existen seres perversos cuyo objetivo en la vida es hacer el mal. La maldad humana es una derivada de ciertas dolencias mentales (psicopatias), generalmente de nacimiento, aunque, a veces, son el resultado final de un proceso generado por circunstancias vitales muy desfavorables. Sea como fuere, la maldad humana puede causar las mayores desgracias y el mayor dolor, tanto a individuos aislados como a grupos completos. Se presenta con diversos matices como la crueldad, el sadismo, el ensañamiento, la barbarie, etc., todos ellos, acepciones distintas del mismo concepto. Los seres perversos pueden causar sus daños personalmente o bien, influyendo o coaccionando a otros para que los causen y de esto último tenemos infinidad de ejemplos históricos y actuales.
Otro factor opuesto a la convivencia pacífica es la mentira. Faltar a la verdad es una practica absolutamente generalizada en todos los ámbitos de la vida, cuando así conviene a los propios intereses. No se trata de negar la evidencia, sino de retorcer o modificar voluntarimente la interpretación de los hechos o, en su caso, negarlos o inventarlos, con el fin de obtener beneficios o evitarse perjuicios. Por supuesto que la mentira no es admitida formalmente por la sociedad. Las distintas religiones la consideran un pecado y en todas las civilizaciones se condena su uso, aunque, a veces, con una actitud hipócrita. Sin embargo, es un hecho que la mentira está instalada e infiltrada en todos los ámbitos de la vida (familiar, laboral, social, económica, judicial, política, en los medios de comunicación, etc.). Sus efectos son, a veces, demoledores.
Puede decirse que la mentira es uno de los enemigos más sutiles de la convivencia, tanto en las relaciones personales como entre grupos más complejos.
Existen otras muchas causas de conflictos aunque, por lo general, son derivadas o variantes de las anteriormente reseñadas. Por su grán transcendencia, conviene citar algunas y comentarlas brevemente.
La delincuencia, que puede originar enormes desgracias, a veces trágicas, para sus víctimas. En este epígrafe se incluyen todos los tipos de delitos, desde los individuales hasta los cometidos por bandas organizadas, el narcotráfico, el terrorismo, etc.
La injusticia, ocasionada por la aplicación desigual de las leyes y la existencia de privilegios. También la lentitud de los procedimientos judiciales da lugar, a veces, a grandes injusticias.
El fanatismo. Parece mentira como se puede influir en una masa humana con teorias racistas, nacinalistas o religiosas, hasta el punto de convertirla en un conjunto de seres enajenados, capaces de cometer las mayores barbaridades en nombre de tales teorias o creencias.
La corrupción, que es una modalidad de delito muy singular y que, por desgracia, se encuentra profundamente infiltrada en todas las capas de la sociedad. Los efectos de la corrupción son devastodores por su poder de contaminación, favorecido por la codicia y el sigilo.
Lo expuesto nos confirma las impresiones más sombrias sobre la posibilidad de mejorar la convivencia en el mundo. Pero, como ya se ha dicho, habrá que seguir insistiendo con reflexiones varias sobre un tema tan sensible, aunque tales reflexiones resulten, a veces, meras obviedades y no constituyan una linea de pensamiento consistente.
Obviamente, el modelo ideal de la convivencia perfecta es una real utopía. Es hora, pues, de determinar los factores que deterioran la convivencia pacífica y que, en ocasiones, la hacen saltar por los aires. Son factores heterogeneos, casi siempre originados por las pasiones (dando a la palabra pasión el significado de "perturbación o efecto desordenado del ánimo"), aunque en otros casos están relacionados con defectos o taras de las personas. Hay que tener en cuenta que los conflictos, sean entre individuos o entre grupos, no se originan por las circunstancias que se plantean sino por las reacciones de las personas ante ellas.
El primer enemigo de la convivencia es el egoismo. Todo el mundo da prioridad a sus propios problemas y es lógico que así sea. E, igualmente, es natural y saludable tener un moderado nivel de autoestima. Pero lo que realmente constituye semilla de conflictos es el excesivo amor a uno mismo, el cual se pone en evidencia en forma de sentimientos y pasiones diametralmente contrarios a la empatía, como el orgullo, la vanidad, la ira, la avarícia, el odio, etc. Otras manifestaciones del egoismo son la autoindulgencia y la autocomplacencia. La primera significa que uno tiende a minimizar y disculpar sus propias faltas. Si grito, me impaciento, ofendo o me burlo de alguien, considero que lo hago sin mala intención y debo ser disculpado. Al fin y al cabo, "no es para tanto". Esta autodisculpa es más acusada cuando se tiene cierta ascendencia sobre los otros (caso de los jefes, familiares, profesores, etc.).La autocomplacencia (no debe confundirse con la autoestima ni con la dignidad) es el resultado de tener un altísimo y desmedido concepto sobre uno mismo, de considerarse incapaz de obrar mal o equivocarse. Frases como "nunca me equivoco", "odio la injusticia", "las veo venir", "soy incapaz de hacer daño", "si tengo que hacer un favor, lo hago" o las tres "yoyas" ("yo ya lo dije", "yo ya lo sabia", "yo ya lo advertí"), son algunos ejemplos de autoalabanza y enaltecimiento del ego.
Otro enemigo de la convivencia, afín al anterior, es el que podria llamarse egoismo colectivo, un sentimiento de apego excesivo al grupo al que se pertenece. Supone la exaltación del "nosotros" frente a "los otros", hacia quienes solo se muestra desafecto o desprecio. Nosotros somos los buenos, los mejores, los más inteligentes, los que siempre tenemos razón. Los otros son malos, egoistas, despreciables, indignos de consideración (¿Hay algo más lejos de la empatía?). A los nuestros, el mayor apoyo. Alos otros, ni agua. El sentimiento de grupo o sentimiento tribal constituye, en cierto modo, uno de los instintos básicos con los que nos ha dotado la naturaleza. Todos tenemos tendencia a identificarnos con nuestro entorno, a amar lo que nos resulta cercano. Este sentimiento puede presentar aspectos nobles y saludables como el amor moderado a la familia, a los amigos, a la patria, a determinados ideales o creencias. Sin embargo, cuando tales sentimientos se exacerban y desmesuran, pueden dar lugar a enfrentamientos de suma violencia y consecuencias trágicas. El racismo, la xenofobia, el ultranacionalismo y el fanatismo religioso son ejemplos claros de lo que pueden llegar a pervertirse los sentimientos de grupo. La forma de actuar de los seres humanos integrados en un grupo, experimenta una notable transformación respecto a su conducta individual. Personas con buenos principios, pueden ser capaces de realizar acciones reprobables cuando actúan colectivamente con su grupo. El sentimiento tribal les proporciona la correspondiente relajación de su conciencia sobre los males causados a los ajenos al grupo.
El egoismo colectivo es la causa principal de los mayores conflictos de la Humanidad (guerras, genocídios, terrorismo, etc.) y también de otros muchos conflictos y enfrentamientos, de menor intensidad, pero que perturban gravemente la convivencia entre grupos de diversa ïndole. Y, de la misma manera, el egoismo individual, en todas sus manifestaciones, es causa determinante de los conflictos y enfrentamientos que se producen en el interior de los grupos, sea en el seno de las familias o de cualquier comunidad o estamento social. Ambos egoismos son grandes enemigos de la convivencia, pero no son los únicos. Veamos otros.
La maldad humana está presente en infinidad de tragedias y calamidades. Se ha dicho que los seres humanos, en su calidad de racionales, tienen una tendencia natural hacia el bien y la generosidad. Sin embargo, es un hecho cierto que la maldad existe y que, en todos los lugares y en todas las colectividades, existen seres perversos cuyo objetivo en la vida es hacer el mal. La maldad humana es una derivada de ciertas dolencias mentales (psicopatias), generalmente de nacimiento, aunque, a veces, son el resultado final de un proceso generado por circunstancias vitales muy desfavorables. Sea como fuere, la maldad humana puede causar las mayores desgracias y el mayor dolor, tanto a individuos aislados como a grupos completos. Se presenta con diversos matices como la crueldad, el sadismo, el ensañamiento, la barbarie, etc., todos ellos, acepciones distintas del mismo concepto. Los seres perversos pueden causar sus daños personalmente o bien, influyendo o coaccionando a otros para que los causen y de esto último tenemos infinidad de ejemplos históricos y actuales.
Otro factor opuesto a la convivencia pacífica es la mentira. Faltar a la verdad es una practica absolutamente generalizada en todos los ámbitos de la vida, cuando así conviene a los propios intereses. No se trata de negar la evidencia, sino de retorcer o modificar voluntarimente la interpretación de los hechos o, en su caso, negarlos o inventarlos, con el fin de obtener beneficios o evitarse perjuicios. Por supuesto que la mentira no es admitida formalmente por la sociedad. Las distintas religiones la consideran un pecado y en todas las civilizaciones se condena su uso, aunque, a veces, con una actitud hipócrita. Sin embargo, es un hecho que la mentira está instalada e infiltrada en todos los ámbitos de la vida (familiar, laboral, social, económica, judicial, política, en los medios de comunicación, etc.). Sus efectos son, a veces, demoledores.
Puede decirse que la mentira es uno de los enemigos más sutiles de la convivencia, tanto en las relaciones personales como entre grupos más complejos.
Existen otras muchas causas de conflictos aunque, por lo general, son derivadas o variantes de las anteriormente reseñadas. Por su grán transcendencia, conviene citar algunas y comentarlas brevemente.
La delincuencia, que puede originar enormes desgracias, a veces trágicas, para sus víctimas. En este epígrafe se incluyen todos los tipos de delitos, desde los individuales hasta los cometidos por bandas organizadas, el narcotráfico, el terrorismo, etc.
La injusticia, ocasionada por la aplicación desigual de las leyes y la existencia de privilegios. También la lentitud de los procedimientos judiciales da lugar, a veces, a grandes injusticias.
El fanatismo. Parece mentira como se puede influir en una masa humana con teorias racistas, nacinalistas o religiosas, hasta el punto de convertirla en un conjunto de seres enajenados, capaces de cometer las mayores barbaridades en nombre de tales teorias o creencias.
La corrupción, que es una modalidad de delito muy singular y que, por desgracia, se encuentra profundamente infiltrada en todas las capas de la sociedad. Los efectos de la corrupción son devastodores por su poder de contaminación, favorecido por la codicia y el sigilo.
Lo expuesto nos confirma las impresiones más sombrias sobre la posibilidad de mejorar la convivencia en el mundo. Pero, como ya se ha dicho, habrá que seguir insistiendo con reflexiones varias sobre un tema tan sensible, aunque tales reflexiones resulten, a veces, meras obviedades y no constituyan una linea de pensamiento consistente.
jueves, 21 de febrero de 2013
Los hábitos
Cuando uno necesita mejorar sus perspectivas en la vida, tiene que someterse a un proceso de cambio. Debe sustituir ciertos usos y costumbres por otros más apropiados o, lo que es lo mismo, adquirir hábitos nuevos positivos y desterrar otros que resultan perjudiciales. Ambos procesos requieren grandes dosis de fuerza de voluntad y perseverancia, por lo que constituyen muy buenos ejercicios para el desarrollo de tales cualidades. Un hábito se adquiere por la repetición de actos similares, lo cual, seguramente, supondrá algún esfuerzo físico o mental para vencer la resistencia a alterar el dolce far niente. Lo mismo ocurre con el desarraigo de un hábito negativo, que significará un esfuerzo de renuncia continuado.
¿Cuales son los hábitos que conviene adquirir y los que deben desterrarse?. Esta es una cuestión subjetiva. Nadie mejor que uno mismo conoce sus puntos débiles: los defectos que tendria que corregir y las malas costumbres que haria bien en abandonar. Por lo general, la necesidad de adquirir un hábito positivo es consecuencia de tener algún defecto Así, a un desordenado, le vendría muy bien poner orden en sus asuntos, tanto laborales como personales; un parlanchín debería acostumbrarse a dominar su lengua ("El árbol del silencio da el fruto de la sabiduría", dice un antiguo proverbio árabe); quién se sabe adusto, habrá de esforzarse en ser más cordial, etc..
Hay también otros hábitos que conviene adquirir, si no se poseen, como, por ejemplo, la puntualidad, el aseo, la práctica del ejercício físico, la pulcritud, la costumbre de madrugar, etc.. Hay uno que merece tratarse aparte por su especial transcendencia. Es el hábito de rematar. Cuando se comienza una tarea, es necesario esforzarse al máximo en concluirla. El defecto contrario a este hábito es de los más perjudiciales y, por desgracia, de los más frecuentes. ¡Cuantos trabajos se inician, cuantos proyectos se acometen con todo entusiasmo y, en muchos casos, se abandonan a medio hacer, cuando aparecen las primeras dificultades o cede el ardor inicial¡. Todos tenemos experiencias de este tipo y conocemos la íntima y desagradable sesación de haber perdido el tiempo y derrochado nuestras energías.
¿Cuales son los hábitos que conviene adquirir y los que deben desterrarse?. Esta es una cuestión subjetiva. Nadie mejor que uno mismo conoce sus puntos débiles: los defectos que tendria que corregir y las malas costumbres que haria bien en abandonar. Por lo general, la necesidad de adquirir un hábito positivo es consecuencia de tener algún defecto Así, a un desordenado, le vendría muy bien poner orden en sus asuntos, tanto laborales como personales; un parlanchín debería acostumbrarse a dominar su lengua ("El árbol del silencio da el fruto de la sabiduría", dice un antiguo proverbio árabe); quién se sabe adusto, habrá de esforzarse en ser más cordial, etc..
Hay también otros hábitos que conviene adquirir, si no se poseen, como, por ejemplo, la puntualidad, el aseo, la práctica del ejercício físico, la pulcritud, la costumbre de madrugar, etc.. Hay uno que merece tratarse aparte por su especial transcendencia. Es el hábito de rematar. Cuando se comienza una tarea, es necesario esforzarse al máximo en concluirla. El defecto contrario a este hábito es de los más perjudiciales y, por desgracia, de los más frecuentes. ¡Cuantos trabajos se inician, cuantos proyectos se acometen con todo entusiasmo y, en muchos casos, se abandonan a medio hacer, cuando aparecen las primeras dificultades o cede el ardor inicial¡. Todos tenemos experiencias de este tipo y conocemos la íntima y desagradable sesación de haber perdido el tiempo y derrochado nuestras energías.
miércoles, 13 de febrero de 2013
La preparación
Para la obtención de cualquier objetivo es necesario estar preparado y el proceso de preparación tiene una importancia decisiva y requiere el mayor esfuerzo. Se necesitará estar en posesión de ciertas facultades físicas y mentales , unas y otras en mayor o menor grado, según los casos, las cuales podrán cultivarse en la medida de lo posible. Pero, sobre todo, se tendrán que adquirir o perfeccionar las aptitudes específicas para el objetivo en cuestión, es decir, los conocimientos y habilidades necesarios.
Los conocimientos se aprenden mediante el estudio, la observación y la experiencia. Sus fuentes son los libros, revistas, conferencias, medios audiovisuales, investigaciones, contactos con expertos, etc. La tarea de adquirir conocimientos puede resultar árdua y prolongada, pero, aún así, habrá que empeñarse en dominar todas las facetas de la materia en cuestión. No conviene olvidar que el ejercício de una aptitud implica resolver infinidad de problemas y tomar un sinfín de decisiones. Para acertar siempre, o casi siempre, hay que tener un conocimiento profundo de las técnicas correspondientes y poseer la información más veraz sobre las particularidades de cada caso.
Es oportuno ahora llamar la ateción sobre un fenómeno psicológico muy importante. Se trata de que , por lo general, el ser humano no tiene verdadera conciencia de la magnitud de lo que ignora sobre cualquier materia. No es que voluntariamente se niegue a admitir su ignorancia, sino que, por naturaleza, la falta de un conocimiento adecuado hace ver las cosas mucho más simples y fáciles de lo que son realmente. La ignorancia simplifica los problemas. Esto permite comprender la ligereza y tranquilidad con las que la gente opina sobre cualquier asunto, aunque sea de grán complejidad. Todo se ve muy sencillo y se piensa que solamente con tomar tal o cual medida, el problema quedaría resuelto. Cuando se profundiza en el conocimiento de una materia, se van descubriendo aspectos completamente nuevos que modifican de forma sustancial las ideas anteriores y uno no puede menos de maravillarse de la cantidad de cosas que ignoraba y de los campos imprevistos que tendrá necesidad de explorar. El fenómeno de la "ignorancia inadvertida" explica tambien la cantidad de incompetentes que uno se tropieza en la vida, incluso profesionales, quienes pueden estar tomando las decisiones más erroneas plenamente convencidos de que son correctas.
Los conocimientos son fruto del estudio y la observación. Las habilidades, en cambio, se adquieren actuando, es decir, aplicando practicamente los conocimientos. La acción repetida, una y otra vez, va perfeccionando poco apoco el modo de hacer, hasta llegar a la destreza y la maestría. La ejecución correcta se convierte así en un hábito y el ejecutor en un experto. La habilidad aporta a una tarea rapidez, eficacia, potencia, perfección, finura o grácia, según los casos. El arte seria su expresión más relevante.
El desarrollo de una habilidad es una tarea muy laboriosa, que exige considerable dedicación durante mucho tiempo.Es necesario someter a un adiestramiento riguroso las distintas facetas de la habilidad, tratando de desvelar sus secretos y de dominar sus técnicas hasta poder aplicarlas con facilidad, rapidez y perfeción. El adiestramiento crea la habilidad, pero luego se necesita un entrenamiento continuo para mantenerla en su punto. Casos hay, incluso, en los que la falta de entrenamiento diario se deja notar inmediátamente, como les ocurre a un pianista, un cantante o un atleta.
Conocimientos y habilidades constituyen el eterno binómio Teoria-Práctica. La primera proporciona las herramientas y la segunda enseña a utilizarlas. Ambas son imprescindibles para el ejercício de una aptitud. Si una de las dos flojea, el conjunto se resiente. Sin embargo, las propociones de ambas en cada aptitud son diferentes. Por ejemplo, un deportista puede necesitar un 10% de conocimientos y un 90% de habilidades; un pianista, un 30% y un 70% y un abogado, un 60% y un 40%, respectivamente. Son cifras sólo estimativas, pero dan una idea de la influencia de uno y otro factor.
Los conocimientos se aprenden mediante el estudio, la observación y la experiencia. Sus fuentes son los libros, revistas, conferencias, medios audiovisuales, investigaciones, contactos con expertos, etc. La tarea de adquirir conocimientos puede resultar árdua y prolongada, pero, aún así, habrá que empeñarse en dominar todas las facetas de la materia en cuestión. No conviene olvidar que el ejercício de una aptitud implica resolver infinidad de problemas y tomar un sinfín de decisiones. Para acertar siempre, o casi siempre, hay que tener un conocimiento profundo de las técnicas correspondientes y poseer la información más veraz sobre las particularidades de cada caso.
Es oportuno ahora llamar la ateción sobre un fenómeno psicológico muy importante. Se trata de que , por lo general, el ser humano no tiene verdadera conciencia de la magnitud de lo que ignora sobre cualquier materia. No es que voluntariamente se niegue a admitir su ignorancia, sino que, por naturaleza, la falta de un conocimiento adecuado hace ver las cosas mucho más simples y fáciles de lo que son realmente. La ignorancia simplifica los problemas. Esto permite comprender la ligereza y tranquilidad con las que la gente opina sobre cualquier asunto, aunque sea de grán complejidad. Todo se ve muy sencillo y se piensa que solamente con tomar tal o cual medida, el problema quedaría resuelto. Cuando se profundiza en el conocimiento de una materia, se van descubriendo aspectos completamente nuevos que modifican de forma sustancial las ideas anteriores y uno no puede menos de maravillarse de la cantidad de cosas que ignoraba y de los campos imprevistos que tendrá necesidad de explorar. El fenómeno de la "ignorancia inadvertida" explica tambien la cantidad de incompetentes que uno se tropieza en la vida, incluso profesionales, quienes pueden estar tomando las decisiones más erroneas plenamente convencidos de que son correctas.
Los conocimientos son fruto del estudio y la observación. Las habilidades, en cambio, se adquieren actuando, es decir, aplicando practicamente los conocimientos. La acción repetida, una y otra vez, va perfeccionando poco apoco el modo de hacer, hasta llegar a la destreza y la maestría. La ejecución correcta se convierte así en un hábito y el ejecutor en un experto. La habilidad aporta a una tarea rapidez, eficacia, potencia, perfección, finura o grácia, según los casos. El arte seria su expresión más relevante.
El desarrollo de una habilidad es una tarea muy laboriosa, que exige considerable dedicación durante mucho tiempo.Es necesario someter a un adiestramiento riguroso las distintas facetas de la habilidad, tratando de desvelar sus secretos y de dominar sus técnicas hasta poder aplicarlas con facilidad, rapidez y perfeción. El adiestramiento crea la habilidad, pero luego se necesita un entrenamiento continuo para mantenerla en su punto. Casos hay, incluso, en los que la falta de entrenamiento diario se deja notar inmediátamente, como les ocurre a un pianista, un cantante o un atleta.
Conocimientos y habilidades constituyen el eterno binómio Teoria-Práctica. La primera proporciona las herramientas y la segunda enseña a utilizarlas. Ambas son imprescindibles para el ejercício de una aptitud. Si una de las dos flojea, el conjunto se resiente. Sin embargo, las propociones de ambas en cada aptitud son diferentes. Por ejemplo, un deportista puede necesitar un 10% de conocimientos y un 90% de habilidades; un pianista, un 30% y un 70% y un abogado, un 60% y un 40%, respectivamente. Son cifras sólo estimativas, pero dan una idea de la influencia de uno y otro factor.
miércoles, 30 de enero de 2013
Convivir (III)
Convivir en paz
La convivencia pacífica se caracteriza por la inexistencia de conflictos y una sólida armonía en las relaciones. Si esta situación se prolongase indefinidamente, podría considerarse lo más próximo a "la felicidad en este mundo", ya que supondría la ausencia de todo mal provocado por la voluntad de otros seres humanos. Quedarian, por lo tanto, como unicas fuentes de infortunio, las derivadas de causas aleatorias como los accidentes, las enfermedades, las catástrofes naturales, etc..
Una de las condiciones esenciales para promover la convivencia pacífica en un mundo ideal sin conflictos, seria la generalización de actitudes de empatía en todos los niveles de las relaciones humanas, lo que significa comprender y apreciar los sentimientos, las emociones y los problemas de aquellos con los que hay que convivir.
La empatía generalizada seria condición esencial en el mundo utópico, sin conflictos, que se está tratando. Pero, evidentemente, no la única. Las relaciones entre personas y entre grupos tienen que estar reguladas por normas, más o menos formales, que tengan en cuenta los intereses y las necesidades de todos y cada uno. En este concepto amplio de norma se incluyen desde las meras pautas, no escritas, de conducta personal, hasta las leyes y disposiciones que rijan los estados o comunidades, así como los tratados internacionales. Tales normas tendrían que estar inspiradas en el concepto de "bien común", es decir, bien para todos, sin excluir a nadie. Todos tienen intereses y necesidades que habrá que satisfacer. La convivencia supone tener derechos y obligaciones. La convivencia pacífica significa que esos derechos y obligaciones serán razonables y, además, que cada uno tendrá, por una parte, garantia plena de que sus derechos serán respetados y, por otra, una buena disposición para cumplir sus obligaciones. Tal situación proporcionaria un clima general de confianza y, en suma, de paz.
La mera existencia de normas presupone que alguien tendrá que garantizar su cumplimiento. Desde personas con autoridad en las relaciones personales (por ejemplo, los padres en la familia) hasta directores y gobernantes en las organizaciones más complejas, siempre habrá quien se encargue de velar para que las normas se cumplan y se garantice la justícia. Se llega así al Principio de Autoridad como soporte de la convivencia pacífica y como regulador del ejercício de la libertad.
Todo lo anterior no es más que un voluntarioso ejercício de ingunuidad al suponer que los males de este mundo podrian resolverse mediante soluciones simples y fórmulas sencillas, en aplicación del fenómeno de la "ignorancia inadvertida" (la ignorancia simplifica la solución de los problemas). Sin embargo, no deja de ser un modelo ideal de lo que podría ser una sólida convivencia pacífica y sobre el cual, u otros similares, deberian elucubrar los futuros quistólogos.
La convivencia pacífica se caracteriza por la inexistencia de conflictos y una sólida armonía en las relaciones. Si esta situación se prolongase indefinidamente, podría considerarse lo más próximo a "la felicidad en este mundo", ya que supondría la ausencia de todo mal provocado por la voluntad de otros seres humanos. Quedarian, por lo tanto, como unicas fuentes de infortunio, las derivadas de causas aleatorias como los accidentes, las enfermedades, las catástrofes naturales, etc..
Una de las condiciones esenciales para promover la convivencia pacífica en un mundo ideal sin conflictos, seria la generalización de actitudes de empatía en todos los niveles de las relaciones humanas, lo que significa comprender y apreciar los sentimientos, las emociones y los problemas de aquellos con los que hay que convivir.
La empatía generalizada seria condición esencial en el mundo utópico, sin conflictos, que se está tratando. Pero, evidentemente, no la única. Las relaciones entre personas y entre grupos tienen que estar reguladas por normas, más o menos formales, que tengan en cuenta los intereses y las necesidades de todos y cada uno. En este concepto amplio de norma se incluyen desde las meras pautas, no escritas, de conducta personal, hasta las leyes y disposiciones que rijan los estados o comunidades, así como los tratados internacionales. Tales normas tendrían que estar inspiradas en el concepto de "bien común", es decir, bien para todos, sin excluir a nadie. Todos tienen intereses y necesidades que habrá que satisfacer. La convivencia supone tener derechos y obligaciones. La convivencia pacífica significa que esos derechos y obligaciones serán razonables y, además, que cada uno tendrá, por una parte, garantia plena de que sus derechos serán respetados y, por otra, una buena disposición para cumplir sus obligaciones. Tal situación proporcionaria un clima general de confianza y, en suma, de paz.
La mera existencia de normas presupone que alguien tendrá que garantizar su cumplimiento. Desde personas con autoridad en las relaciones personales (por ejemplo, los padres en la familia) hasta directores y gobernantes en las organizaciones más complejas, siempre habrá quien se encargue de velar para que las normas se cumplan y se garantice la justícia. Se llega así al Principio de Autoridad como soporte de la convivencia pacífica y como regulador del ejercício de la libertad.
Todo lo anterior no es más que un voluntarioso ejercício de ingunuidad al suponer que los males de este mundo podrian resolverse mediante soluciones simples y fórmulas sencillas, en aplicación del fenómeno de la "ignorancia inadvertida" (la ignorancia simplifica la solución de los problemas). Sin embargo, no deja de ser un modelo ideal de lo que podría ser una sólida convivencia pacífica y sobre el cual, u otros similares, deberian elucubrar los futuros quistólogos.
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