La vida es algo que nadie se ha buscado. Estamos vivos y eso ha ocurrido sin intervención de nuestra voluntad.Por el hecho de vivir tenemos una serie de necesidades que hemos de atender, lo cual condiciona nuestras actividades. Pero como no somos los únicos que vivimos en nuestro entorno, tales actividades deberán adecuarse a la presencia de los otros. Tendremos que vivir juntos, o sea, convivir. La razón nos dice que la convivencia debe ser pacífica. Sin embargo, muchas veces surgen conflictos y eso ocurre cuando entran en juego las "pasiones" ( tomando para esa palabra la acepción "perturbación o efecto desordenado del ánimo").
Así pues, los seres humanos, que no hemos pedido estar vivos, tenemos que convivir, con nuestra familia, con los amigos, con las personas de nuestro ámbito social y laboral, con nuestros conciudadanos y, en general, con todos los que, de un modo u otro, se relacionan con nosotros. E, igualmente, los pueblos y las naciones tienen que mantener relaciones de convivencia. En cualquiera de esos niveles, la convivencia será pacífica o conflictiva según las circunstancias. Por desgracia, la conflictiva es muy frecuente y esto ha sido así desde los orígenes del género humano hasta los tiempos actuales, que se suponen mas civilizados.
A lo largo de la Historia, las ciencias han ido avanzando de un modo extraordinario, lo que ha permitido que se hayan alcanzado los actuales niveles de civilización y bienestar material, aunque no en todos los ámbitos. Sin embargo, la convivencia no ha experimentado mejoras sustanciales. Solo tímidos avances, impulsados por teorias o movimientos de origen religioso, filosófico o político. Pero tambien, en ocasiones, se han producido retrocesos clamorosos que están en la mente de todos. Algo extraño ocurre con el género humano. Parece como si una tara misteriosa le impidiese aprovechar, en benefício de la convivencia, los enormes progresos del conocimiento.
Se han hecho innumerables intentos para encontrar fórmulas que produjesen mejoras en la convivencia. Ninguna ha cuajado plenamente, pese a las buenas intenciones y sólidos argumentos de sus promotores. Un clérigo americano, Frank Buchanan, fundó un movimiento, al que llamó Rearme Moral, basado en ideales de honestidad, pureza, desinterés y amor. Pretendía crear un clima de concordia universal que propiciase acuerdos de desarme entre las grandes potencias. El movimiento fué fundado en 1938, es decir, un año antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la mas cruel y sangrienta de la Historia.
Así pues, parece que no es posible salir de este círculo maldito que nos impide aproximarnos a un mundo en el que reine la armonía. Los conflictos nunca dejarán de existir, ni en el símple ámbito familiar, ni en otros mas amplios, incluidas las relaciones entre paise o estados. No se puede evitar esta reflexión profundamente pesimsta y, sin embargo, tampoco podemos resignarnos a permanecer, impotentes, con los brazos cruzados. Algo habrá que hacer, como se dice en estos casos. Será preciso seguir explorando caminos e ideas por si, casualmente, apareciese alguna luz de esperanza.
¿Sería posible abordar el estudio de la convivencia y sus fallos con el mismo rigor y altura que los dedicados a la salud y la enfermedad?.Desde los comienzos de la Historia han habido personas dedicadas al estudio del cuerpo humano (Anatomía), del funcionamiento de sus distintos órganos (Fisiología), de los fallos que en ocasiones se producen (Patología), de los medios para remediarlos (Terapéutica), etc.. Los resultaos de tales estudios se ven reflejados en los enormes avances que la Medicina ha experimentado hasta el dia de hoy. ¿Por qué no podrian investigarse, de un modo similar, los fundamentos de la convivencia y las causas de su deterioro, dando lugar a una disciplina o conjunto de disciplinas con tales objetivos?.
Supongamos que lo anterior fuera posible y que tal disciplina o conjunto se denominase Quistología (en el diccionariode la RAE, quistarse significa "hacerse querer" y "llevarse bien con los demás"). Se establecería así un marco de arranque para propiciar estudios sistemáticos de los factores que favorecen la convivencia pacífica. Se podria crear una base científica con el fin de impulsar y difundir ideas, modas y enseñanzas aplicables a los distintos planos de la convivencia (familiar, social y político).. Este es, sin duda, un plateamiento utópico, pero no por ello debe desecharse pues cualquier utopía es como un espejo ideal que refleja solo los aspectos positivos de una situación y oculta los negativos.
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